¿Incineración? Existen más alternativas
Me atrevería a decir que estamos cada vez más cerca de llegar al final de ese debate y que pronto quedarán en el olvido posicionamientos esteriles que se han dado a lo largo del mismo, porque la correlación de fuerzas del territorio por un lado, y una situación insostenible con unos vertederos obsoletos, por otro, nos obliga a abandonar posiciones extremistas. Al fin y al cabo, no existen recetas mágicas para la gestión de los residuos, pero tampoco una única alternativa, menos aún, en un mundo en el que la tecnología da pasos de gigante de un día para otro. Y la tecnología es un factor determinante en la gestión de los residuos, porque a pesar de que se recojan de la forma más selectiva y eficaz de la que seamos capaces, debe ser tratada. Solo con recogerla no desaparece.
La situación que tenemos en Gipuzkoa es preocupante: vertederos de un sistema caduco que siguen abiertos, traslados de nuestra basura a otros territorios, un debate falso entre el 5º contenedor y el puerta a puerta en lugar de impulsar sistemas de recogida que se adecúen mejor a las características de cada lugar, una hipoteca económica y normativa consecuenca de una apuesta por macroinfraestructuras basadas en la incineración y un largo etcetera.
Del camino realizado hasta ahora, tendríamos que recabar aquello procesos y sistemas que han dado resultados positivos y desterrar los que no han funcionado. Sólo así, superando las actitudes extremistas y abandonando las posiciones inmovilistas enrocadas en los proyectos de cada cual, podremos ofrecer a la ciudadanía un sistema para la gestión de los residuos lo más ecológico, social y económico posible. Un sistema que analizado en su globalidad permita la mayor eficiencia energética posible, el mayor nivel de reciclaje y el mínimo en generación de residuos, y se base en tecnologías punteras.
Existen alternativas para una gestión integral de los residuos, partiendo desde la reducción de la generación de residuos y de la mejora del reciclaje, para terminar la fase de cierre con infraestructuras cuyas emisiones no serían peligrosas. ¿Por qué no una gasificación a la que previamente se le han restado los metales? Aplicamos tratamientos térmico-dinámicos –geiser box–para una mayor selección y homogeneización de los residuos y para quitar los metales. El calor que sale de la planta de gasificación se utilizaría, a su vez, para generar energía.
Cabe destacar que hay sectores en los que existe una desconfianza en torno a la gasificación, desconfianza que se debe en gran medida a que algunos suministradores de tecnología para plantas incineradoras modifican sus procesos de incineración levemente y los denominan gasificación, pese a ser incineraciones camufladas.
Pero estamos hablando de dos procesos distintos y como tal están gatalogados. La incineración es un proceso en el que se da una combustión por la presencia de oxígeno en el proceso, cosa que no sucede en la gasificación. Los fenómenos de base son totalmente diferentes. En la gasificación no se generan dioxinas, furanos... por el hecho de que no se dan las condiciones necesarias para su generación al tratarse de un proceso sin oxígeno.
Diferenciar la gasificación y una incineración camuflada es una tarea sencilla: si el gas que se genera en el proceso se puede utilizar en un motor ubicado a distancia estaríamos hablando de gasificación, si el gas generado hay que utilzarlo practicamente en el lugar en el que se genera, estaríamos ante una incineración optimizada, que algunos llaman también gasificación.
El objetivo energético de la incineración es generar calor que, mediante una turbina de vapor, pueda convertirse en electricidad (eficiencia muy baja). Por otra parte, con la gasificación, generaríamos un combustible gaseoso –mucho más eficiente– que, hoy en día, se utiliza para generar electricidad, pero que también podría utilizarse, en el futuro, como sustituto de los combustibles fósiles.
Otra de las ventajas de esta apuesta es que, comparándola con la incineradora, es viable a una escala mucho menor, con lo que se evitarían macroinfraestructuras y permitiría tratar ls residuos más cerca de donde se generan.
Por lo tanto, recetas mágicas no, pero sí hay alternativas para la gestión de residuos. Éste puede ser un ejemplo.
