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Liberación nacional, liberación social

Rebeka Ubera 10/02/2012
PODEMOS decir casi sin miedo a equivocarnos que las personas que militamos en los partidos políticos, en los sindicatos u otros movimientos sociales hemos llegado a hartar a la sociedad. Llevamos años hablando de la grave crisis socioeconómica que estamos padeciendo, y presentando proyectos a la sociedad, cada uno por su lado, por lo menos los que nos situamos en el espacio de izquierdas; aunque esos proyectos no hayan podido llevarse a cabo por diferentes razones. Pero aun así, más de uno dirá, no sin razón, que "mucho hablar y poco hacer".
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Liberación nacional, liberación social

Secretaria de organización de Aralar, por Rebeka Ubera - Viernes, 10 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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PODEMOS decir casi sin miedo a equivocarnos que las personas que militamos en los partidos políticos, en los sindicatos u otros movimientos sociales hemos llegado a hartar a la sociedad. Llevamos años hablando de la grave crisis socioeconómica que estamos padeciendo, y presentando proyectos a la sociedad, cada uno por su lado, por lo menos los que nos situamos en el espacio de izquierdas; aunque esos proyectos no hayan podido llevarse a cabo por diferentes razones. Pero aun así, más de uno dirá, no sin razón, que "mucho hablar y poco hacer".

Y parece ser que lo peor está aún por llegar, que seguiremos recibiendo palos del alumno aplicado de Merkel, de Rajoy y su equipo, tanto en nuestros derechos sociales como laborales, en nuestra soberanía económica y social; y también en nuestros servicios sociales. En nuestro sistema público, en general. En estos últimos años se han implementado políticas neoliberales con una visión a corto plazo, sin ninguna vergüenza: situando las instituciones a merced de los bancos, alejándolas del control público; destruyendo empleo en nombre de la reactivación de la economía; promoviendo la privatización, en nombre del futuro; expandiendo la deslocalización, en nombre de la iniciativa. Nos han sumergido en una crisis estructural global, o dicho de otra manera, el modelo de desarrollo ha llegado al límite. Aunque siguen insistiendo a la desesperada, queriendo controlar el déficit, suministrando dinero público a la banca; destruyendo la inversión pública a espaldas de la ciudadanía.

Pero no nos podemos quedar de brazos cruzados ante esta situación. No podemos engañarnos a nosotros mismos. Porque, entre otras cosas la liberación social de nuestro pueblo está en nuestras manos. Porque el entramado institucional que hemos configurado nos ha dotado de herramientas basándose en los derechos históricos que nos corresponden como pueblo. Aunque la realidad administrativo-política está muy lejos de la Euskal Herria que deseamos, y aunque la utilización de esas herramientas y la dirección de las políticas que se han aplicado por medio de ellas han ido encaminadas a la debilitar la soberanía en el sentido más amplio, entre otras cosas, en nombre del capital y de la economía globalizada.

El resto de los pueblos de Europa, en el camino de la independencia, están debatiendo y tomando decisiones con absoluta naturalidad basándose el derecho a decidir, e introduciendo en el debate razones económicas, sociales y laborales, además de las argumentaciones identitarias.

Nosotros también, además de profundizar en nuestra cultura democrática y dar pasos en la reivindicación de nuestros derechos sociales, económicos y laborales, tenemos que utilizar todos los medios institucionales, sindicales y sociales para implementar políticas encaminadas a dar la vuelta al modelo que nos ha llevado a esta crisis. Deberíamos comenzar a plantear alternativas profundas y valientes, en el camino de la soberanía. Sin esperar a la soberanía, para no perder los derechos obtenidos mediante años de lucha. ¿Pero, cómo hacerlo? ¿Siguiendo jugando los partidos, sindicatos y otros agentes que reivindicamos otro modelo a "buenos y malos" y siguiendo marcando nuestras diferencias? O, ¿actuando conjuntamente?

Somos conscientes de la dificultad de llegar a acuerdos, y más si cabe acuerdos amplios y profundos. La autocrítica y la reflexión no son prácticas habituales en nuestra cultura política. Todos queremos el poder, pero todos no podemos tenerlo. Todos queremos marcar el camino. ¿O es que hay alguna idea mejor que la de uno mismo?

Pero no podemos fallar ante el nuevo tiempo que se nos avecina. Es mucho lo que está en juego. Hay personas de por medio. No podemos perder unos derechos que se han obtenido mediante la lucha. Tenemos instrumentos para ello: capital humano; iniciativa (no hay más que ver la iniciativa empresarial y de cooperativas que ostentamos); unas cajas que tenían un origen social y público; una base formativa fuerte; la fiscalidad…

Por lo tanto, lleguemos a unos acuerdos de mínimos hablando menos y haciendo más. Cada uno desde su ámbito, pero buscando espacios comunes. Tomando las calles entre los partidos, sindicatos y la ciudadanía en general. Trabajando y desarrollando acuerdos en el camino de la soberanía, tomando los derechos humanos, la justicia social y la sostenibilidad (la real y no la marca publicitaria) como ejes principales para que nuestro pueblo, Euskal Herria, tenga futuro. Construyendo la alternativa. Haciendo política con mayúsculas mediante las pequeñas políticas.

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