Anaolisia
2009/02/25
El odio
Sobre el odio en Euskal Herria...
...el mismo que impulsó a la persona que, desde el anonimato de quien
observa sin ser observado, cerca de las 00:00h del pasado lunes decidió
arrancar todos los carteles y plásticos que jóvenes militantes de
Aralar acabábamos de colocar en Lemoa (Bizkaia). No pasaron ni 40
minutos y, ni la noche de un lunes, ni el frío intenso, ni si quiera la
distancia entre los lugares donde habíamos puesto los carteles, que sin
duda requería de transporte motorizado, le inhibieron de consumar su
hazaña.
Cuando aquellos tablones estaban habitados tan sólo por Patxi "lehendakari" y
el PNV no debío creer necesario limpiar las calles de ese modo. Pero la
llegada de los traidores le llevó a hacer patria de la mejor manera que supo. Todo un gudari.
Sentimiento que ha llevado al diario Gara a publicar este artículo
y en general todo lo que desinforma sobre Aralar, concebido desde una
animadversión metafísica - no es lo que hacemos, es lo que somos, el
simple hecho de "ser"- que trata de aleccionar a quienes considera
rebaño, no vayan a confundirse el 1-m de papeleta. Aunque quizás tanta
mentira tenga que ver más con los nervios, porque nerviosos, sí que
están.
El odio, que lleva a ETA a atentar contra sedes de
partidos - y contra las y los vecinos que residen en la zona- en nombre
de unos objetivos a los que hunde bajo los escombros de sus bombas cada
vez que pone una. Mikel Basabe, al referirse al movimiento insumiso y
ponerlo como ejemplo, lo dijo claro: Las luchas legítimas requieren de
métodos de lucha legítimos.
También odio ha sido lo que ha
llevado al Lazkaotarra que destrozó la Herriko de la localidad a actuar
de forma violenta e irracional, para ser posteriormente jaleado por
unos medios que, por menos, piden cárcel e ilegalización.
En
Euskal Herria el odio está demasiado presente, está, desgraciadamente,
a flor de piel. Ni la revancha, ni la lucha armada, ni la tortura, ni
la dispersión, ni el ojo por ojo, ni la mayor consideración de unas
víctimas sobre otras, ni ningún otro método que genere dolor, son la
solución.
Tenemos que ser capaces de salir de la espiral del
sufrimiento, tenemos que ser capaces de construír una paz justa, y eso,
entre otras cosas, es lo que está en juego el próximo 1 de marzo.

