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Hemen zaude: Hasiera Blogak Dani Maeztu. Sapuherri 2009 Ekaina 15 Sin Garoña, hacia un cambio de modelo energético

Sin Garoña, hacia un cambio de modelo energético

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centrar el debate en el mero hecho de cerrar Garoña no tiene sentido. Limitarnos a condenar su actividad y clausurar una central nuclear, sin reflexión ni autocrítica sobre nuestro sistema energético, sirve de poco. Garoña estorba, es peligrosa, y supone una amenaza para este país. Pero su cierre no debería de servir de coartada para los críticos que se conforman con eso. Cerrar una central no significa abrazar un modelo de desarrollo equilibrado.

Con o sin informes del Consejo de Seguridad Nuclear, debemos replantearnos nuestro sistema energético. Efectivamente, necesitamos tender hacia un modelo de desarrollo equilibrado: ponderado entre las necesidades del ser humano; proporcionado en el empleo de todas las energías renovables; y ecuánime entre los habitantes del planeta.

Caminamos hacia la insostenibilidad del desarrollo sostenible. Cerraremos una central nuclear y muchos se congratularán de ello. Pero en nombre del progreso seguirán alentado la misma sociedad de consumo capitalista. Y así, sin Garoña, necesitarán sembrar los montes y espacios naturales de molinos de viento, plantarán enormes extensiones del campo de paneles fotovoltaicos e intentarán idear nuevos métodos de obtener energía. O lo que es peor, sustituirán los residuos radiactivos por emisiones de CO2 . Mientras, las grandes empresas seguirán pensando más en sus bolsillos que en las piscinas eternas llenas de uranio y de radiactividad.

Debemos racionalizar nuestro sistema energético, partiendo de una profunda revisión de las necesidades del ser humano. En fin, equilibrar el consumo energético basándose en dos cuestiones: la primera, desvincularse de la influencia dellobby energético; y por otro lado, distanciarse del modelo centralista y generalista, construyendo un sistema local, en la medida de lo posible, de autoabastecimiento. La táctica del citado lobby ha sido clara. Personifican el cambio climático en un fantasma de humo que deteriora el ozono. Como si el único elemento contaminante fueran las emisiones de dióxido de carbono, el dichoso efecto invernadero. Está prohibido frivolizar, pero tampoco les falta razón, porque a este paso nadie llegará a conocer nuestra herencia: las piscinas de uranio dentro de 200.000 años.

Tampoco es cierto que el progreso, el bienestar social y la energía nuclear avancen en el mismo tren. Si Garoña está amortizada desde hace tiempo; si nos sumergimos en una crisis económica; si arriesgamos nuestro futuro en nombre del progreso; si seguimos exportando energía a Marruecos; si se paran ciertas centrales nucleares, algunos seguimos sin entender porqué se sigue todavía justificando la necesidad de la energía nuclear. Quizás no exista tal necesidad. Tan sólo vislumbro un argumento: la codicia de plusvalía de las empresas energéticas.

Queremos cerrar Garoña. Pero también queremos prescindir de toda la energía nuclear y no renovable. Para ello es fundamental cambiar el modelo de desarrollo económico: con el patrón actual de crecimiento es imposible sostener un sistema energético basado en las energías renovables y que sea respetuoso con el medio ambiente. Por ello, hagamos autocrítica sobre qué hemos hecho, dónde estamos y hacia dónde remamos. El Parlamento Vasco, gracias a los votos de los partidos de izquierda representados en la Cámara, acaba de aprobar una proposición no de ley sobre estas cuestiones. La aportación de Aralar a este debate ha sido incitar a los partidos políticos a que profundicen más en la reflexión energética. Ahora que el consumo eléctrico ha descendido el 8% y el 12% en los meses de abril y mayo, respectivamente. Ahora, que parece que el presidente del Gobierno español cumplirá su compromiso electoral, y cerrará Garoña y en el 2010 revisaremos la estrategia energética de Euskadi. Es ahora y no luego.

 

Artículo publicado en Diario de Noticias

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