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Aralar / 2007-09-11 / 11:48

Aralar presenta “Acuerdo para la consulta o consulta para el acuerdo” su propuesta para la normaliuzación política en la CAV

Aralar ha presentado la propuesta Acuerdo para la consulta o consulta para el acuerdo, "un intento de llevar el debate sobre la consulta a un terreno de mayor concreción. Es necesario superar el debate sobre la oportunidad de la realización de la consulta y abordar la hoja de ruta a seguir para que la consulta se lleve a efecto de la manera más eficiente", ha señalado Aintzane Ezenarro, parlamentaria de Aralar.

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Propuesta de Aralar para la normalización política en la CAV

Acuerdo para la consulta o consulta para el acuerdo (Bilbon, 2007ko irailaren 11n)

La propuesta que se recoge en este documento es un intento de llevar el debate sobre la normalización política, y más concretamente el debate sobre la consulta, a un terreno de mayor concreción. Es necesario superar el debate sobre la oportunidad de la realización de la consulta y abordar la hoja de ruta a seguir para que la consulta se lleve a efecto de la manera más eficiente. La ejecutiva de ARALAR ha consensuado una propuesta sobre los pasos concretos a seguir en los próximos meses de cara a la realización de este ejercicio democrático, que por supuesto tendrá que ser acordado con el resto de las formaciones políticas, pero que es la propuesta que trasladaremos el día 28 de septiembre en el debate de Política General que se celebrará en el Parlamento Vasco. Hay que establecer escenarios posibles, plazos, metodologías e incluso los próximos pasos a dar tras la consulta a la ciudadanía. Porque la consulta no es un fin es si mismo, es un medio que debe contribuir a la normalización política y a la convivencia.

1.- La primera premisa de la que partimos es que la existencia de sensibilidades nacionales distintas que cohabitan en nuestra sociedad nos obligan a la consecución de un acuerdo transversal. A pesar de los fracasos anteriores, estamos obligados a intentar cerrar el conflicto político que el estatuto y el amejoramiento foral no cerraron y a llegar a acuerdos de mínimos que garanticen la igualdad y la convivencia. Los intentos que ha habido hasta ahora no han fructificado, pero tampoco estamos en el punto cero. (Ahí están, por ejemplo, la Propuesta de Nuevo Estatuto aprobada en el Parlamento Vasco y el preacuerdo al que se llegó en las conversaciones de Loyola entre PNV, PSE-EE y Batasuna. O el intento que se ha desarrollado recientemente para abrir un nuevo ciclo en Navarra y poner las bases para un gobierno de convivencia).

Partiendo de lo que ya tenemos, es necesario seguir intentando acuerdos transversales en la CAV y en Nafarroa. No hay otro camino. Y a nuestro modo de ver las bases mínimas de estos acuerdos deber ir en torno a la combinación de dos principios básicos: (1)el derecho a decidir y (2) la obligación de pactar con el Estado la materialización (ejecución) de esa decisión. Por lo tanto, es esta la primera idea a subrayar: el derecho a decidir y los acuerdos transversales no son incompatibles, y el objetivo de la política ha de ser convertirlos en compatibles utilizando para ello todas las vías democráticas posibles, incluida, por supuesto la consulta.

2.- Centrándonos en la CAV y en el debate sobre la consulta,

1- Deberíamos volver a intentar de nuevo un acuerdo de convivencia. El Lehendakari debería tomar la iniciativa y explorar, una vez más, la posibilidad de llegar a un acuerdo de convivencia. Pero, a diferencia de otras experiencias, creemos que es necesario que este intento tenga un plazo temporal (que puede ser de seis meses o el curso político que estrenamos. Recordad, por ejemplo, que Tony Blair estableció un límite de 8 meses para que las diferentes parte llegaran a un acuerdo en el castillo de Stormont).

2- Habría que establecer claramente que al final de este plazo para el debate político, habrá una convocatoria de consulta popular a la ciudadanía. Haya o no haya acuerdo político, persista o no la violencia. Hay que preguntar a la sociedad, sin poner ningún límite al ejercicio más democrático. Por lo tanto, es necesario prever la consulta en una fecha concreta, tanto si estamos en un escenario de acuerdo, como si no.

a) Si se lograra un acuerdo transversal, para ratificar éste (o no ratificarlo). En este caso estaríamos en el escenario de refrendo de un acuerdo transversal. Estaríamos en el primer escenario de Un acuerdo para la consulta. Es el escenario más deseable, pero no el único posible.

b) En caso de que no se llegara a un acuerdo de convivencia, también habría que trasladar la iniciativa a la sociedad y convocar una Consulta desbloqueadora. Es decir, si los partidos políticos no son capaces de llegar a acuerdos tiene que ser la propia sociedad quién dé el impulso a la situación e intente desbloquearla. En este segundo escenario posible, no estaríamos ante una consulta que refrendase lo acordado por los partidos, sino ante una consulta cívica, una consulta previa al referéndum, que mediría el respaldo social a favor del derecho a decidir y la necesidad de un acuerdo. Por lo tanto, sería una consulta para dar un impulso social al acuerdo. Por eso decimos que la consulta no es un fin en si mismo, sino que en este caso sería un medio para impulsar de nuevo un posible acuerdo. La sociedad tiene derecho a manifestar cual es la ruta que desea seguir para llegar a una convivencia normalizada y trasladar esta idea mayoritaria a la clase política. En este caso lo que es menos relevante es si la consulta es o no vinculante. El valor político de lo que se traslade desde la sociedad puede ser determinante.

Obviamente, la consulta a realizar en este segundo escenario de No acuerdo, también requiere un mínimo de acuerdo entre los partidos políticos sobre el procedimiento y el contenido de la pregunta. Es decir, acuerdo sobre el qué, el cuándo y el cómo. La actitud contraria que algunos partidos están mostrando a la consulta en este segundo hipotético escenario, es una dificultad que no se puede ocultar, pero también es una actitud muy difícil de mantener hasta sus últimas consecuencias. En caso de que la mayoría parlamentaria acordara la convocatoria de una consulta popular cívica y desbloqueadora, cómo se podría negar su ejercicio?

La consulta tiene que seguir adelante sin ninguna condición previa y el debate tiene que entrar de lleno en el terreno de la concreción. Y para ello, hay que superar de una vez por todas las condiciones que unos y otros están poniendo al ejercicio de la consulta.. Por una parte están los que el tripartito estableció en su acuerdo de gobierno:

a) La primera condición, la de la necesidad de un acuerdo amplio, nos llevaría a realizar la consulta únicamente en el primero de los casos y, esa situación, en la práctica, ofrece derecho de veto a los que no desean que se produzca un acuerdo en base a esos principios mínimos (al PP y especialmente al PSOE). Para que el derecho de veto no pueda ejercitarse, es imprescindible dejar claro que la consulta se realizará sea cual sea la situación; tanto en el escenario a como en el b. Con esto se obtendrían dos objetivos: por una parte que nadie juegue con ventaja. Por otra parte, que el partido socialista también tenga que poner una voluntad sincera para llegar a un acuerdo.

b) La segunda condición establecida por el tripartito, la de la ausencia de la violencia como paso anterior a la realización de una consulta, a estas alturas es rechazada hasta por el propio Lehendakari por la contradicción que en sí supone: por una parte, dicen que no se pueden mezclar paz y normalización, pero imponiendo esta condición chocan frontalmente con la separación de la paz y la normalización. Pero todavía es más grave, pues con esa condición se da derecho a veto a ETA, pero no para que incida en política, sino para que incida en el aspecto más sensible de todos: la decisión de la sociedad.

Tampoco deberíamos de aceptar ninguna otra condición, como la establecida por Joseba Permach recientemente, cuando reclamaba que la consulta debería realizarse al mismo tiempo en los siete territorios vascos. Establecer condiciones imposibles es la manera más rotunda de negar la posibilidad de que la consulta se lleve a cabo. Parece que a algunos hay que volver a recordarles que cada ámbito de decisión de Euskal Herria tiene sus ritmos y unos no pueden frenar u obstaculizar a otros.

En definitiva, superar el debate sobre las condiciones y empezar a concretar. Esta es la idea central que trasladaremos en el debate de política general. Y para ello, no solo pedimos que Ibarretxe tome la iniciativa, sino que adelantamos una propuesta para el debate. Es lo que esperamos también del resto, y en especial de los promotores de la idea, es decir del tripartito. El Lehendakari lleva demasiados años prometiendo a esta sociedad algo que todavía no se ha llevado a efecto, que ni siquiera ha concretado, lo que está poniendo en entredicho su palabra y su credibilidad. Es hora de cerrar el ciclo, y esperamos que el debate parlamentario se desarrolle en estos términos de concreción y no se vuelva a perder, un año más, en generalidades e ideas vagas que cansen aún más a la sociedad.